Mònica Sanchez Segura

Sentir nos hace vivos y compasivos a la posibilidad de comprender (nos) y entender (nos). )

Todos queremos querer y que nos quieran.

Hay que aprender a querer bonito. Conectar con el dolor para aprender a amar mejor. Conocer y conectar con el sentir aunque incomode, nos vuelve más humanos, más empáticos y más presentes. Solo así podemos sentir a otros sintientes.

Y desde ahí, amar mejor.

Sobre mí

Soy Mónica, Graduada en Pedagogía por la (UDG) y Terapeuta Gestalt.

En 2016, durante mi estancia en Cusco (Perú), realicé un acompañamiento pedagógico y terapéutico a través del yoga y el mindfulness en Casa Mantay, una casa de acogida para madres adolescentes en situación de riesgo social.
Esa experiencia marcó un antes y un después en mi camino y conectar con lo esencial.

Desde entonces, he acompañado a distintas personas desde estas disciplinas, integrando cuerpo, emoción y pensamiento en un proceso de autodescubrimiento y consciencia.

A lo largo de mi recorrido comprendí que cada persona es una relación consigo misma, conformada por tres centros: cuerpo, mente y emoción, que están en constante relación.

En 2020 abrí mi propio espacio terapéutico, Espai Chakana, en La Bisbal d’Empordà, donde integro la Terapia Gestalt en mi acompañamiento, ofreciendo un enfoque humano, vivencial e integrativo, que favorece el contacto auténtico con uno mismo y el crecimiento personal

Formación

Me formé en PNL, Hatha Yoga, Mindfulness y Terapia Gestalt. Cada una de estas disciplinas me ha permitido descubrirme desde diferentes ejes, ampliando la comprensión de mí misma. Sigo formándome e indagando, junto a distintos terapeutas, en cómo estos tres centros —cuerpo, mente y emoción— se relacionan entre sí y complementan, con un enfoque más integrativo. Actualmente, me he especializado en relaciones de pareja y familia desde la Terapia Sistémica Relacional, con Maria Grazia Cecchini y actualmente formándome en Eneagrama en el programa SAT de Cláudio Naranjo.

Mi proceso personal comenzó a los 14 años, tras el fallecimiento de mi hermano. La búsqueda por apaciguar el dolor, la soledad y el sentimiento de abandono me llevó a iniciar un camino espiritual. Fueron ocho años de recorrido interior, de silencio y profundo autoconocimiento.

El verdadero cambio apareció cuando aprendí a pedir ayuda, conectar con mi vulnerabilidad y dejarme acompañar por otro. Ese fue mi camino de salvación y liberación. Dejé de creer que no había un otro en quien apoyarme, dejé de sentirme sola. Comprendí que mi mayor fortaleza también podía ser mi mayor debilidad, y aprendí a usarla a mi favor: a sostenerme por mí misma, pero también a dejarme sostener por el otro cuando es necesario.

Mi experiencia como madre, hija y pareja me ha llevado a darle un lugar especial a las relaciones humanas, buscando siempre el equilibrio dentro de ellas. Creo en un espacio donde convivan el , el yo y el nosotros, en un encuentro más armónico, equilibrado y amoroso.

¿Te acompaño?